El crítico en la era de la intimidad

16 Abr

por Diego Colomba

Basta entender castellano para advertir la pretensión de actualidad –de lectores– que se manifiesta desde la portada misma del libro de Giordano. Quien le sume a esa módica competencia cierta atención a los tópicos recientes de la prensa especializada podrá reconocer su deseo de intervenir en la cultura. El nombre del libro suena redondo y eficaz como un cliché, resume el título de un artículo de revista del mismo autor –cambiando un “en” por un “de” más enfático–, publicado tiempo atrás, y es coherente con el contenido breve, ameno y lúcido que precede.

Lo curioso es que quien lo rubrica con amarillas letras de molde sea justamente quien “pergeñó” esa fórmula para leer parte de la literatura argentina contemporánea, y a quien además, en términos generales, se le suele reconocer la autoría (se puede comprobar con el buscador Google). Descartando entonces que se trate de un reclamo de esa índole, alguien podría sospechar una operación de prensa abonada por el mismo autor previa a la llegada de este ejemplar, o de modo menos malicioso, un intento vano por disciplinar a través suyo el uso de un concepto maltratado por los no entendidos, un modo de desagraviarlo del uso generalizador y simplificador al que el periodismo cultural lo sometió por profesión, tergiversando agudas invenciones menos fechadas. Felizmente, nada de eso ocurre con el libro.

Entre otras cosas, El giro autobiográfico de la literatura argentina actual resulta un eco de su más voluminoso Una posibilidad de vida. Escrituras íntimas (2006), trabajo que provee de las herramientas “teóricas” utilizadas –ni superadas ni mejoradas– en el nuevo libro para seguir leyendo, interviniendo en la cultura. El giro… puede ser considerado una suerte de suplemento, que en una futura reedición podría adosarse, como postfacio, al anterior. Además de invitar a la lectura de Una posibilidad… –sueño declarado en el prólogo–, El giro… se propone captar las reverberancias suscitadas por los argumentos de un lector –todo crítico es un derramador de lecturas– que quiere seguir pensando en el asunto.

Tal es así que Nora Avaro, una crítica con la que asiduamente conversa Giordano, aparece firmando dos textos al final del libro, del que también son coautores, de alguna manera, los invitados a dialogar sobre el tema a las mesas que el crítico rosarino organizó en su ciudad en el 2008 (Elvio Gandolfo, Silvio Mattoni, María Moreno, Daniel Link), jornadas en las que el autor aparece como un personaje de novela que calla, con incómodo regocijo, viendo cómo su objeto de interés, del que a veces duda si existe realmente o no, da que hablar a los otros.

La crítica, y por qué debería ser de otro modo, también parece atraída por esa corriente que arrastra los discursos hacia el yo y sus narrativas vivenciales. El crítico cuenta cosas de su vida (“en una mesa sobre literatura e intimidad que compartimos tres semanas antes con Nora Catelli”), narra entre paréntesis la “novela familiar” de una amiga anónima, expresa sentimientos, confiesa incorrección (“soy de los que tienden a creer que lo que los escritores cuentan en primera persona efectivamente les ocurrió”) y autoironiza: “En la comedia sobre las escrituras de la intimidad me tocó un papel de reparto con poco lucimiento”. Con humor intermitente habla de “juguete teórico”, “nuestros «Divinos»”, lectores como “fans rosarinos”, “héroes del giro autobiográfico”. Como si el investigador académico que es Giordano (con todas las connotaciones justas e injustas del caso) se volviera más ligero, no de inteligencia o de rigor indagatorio pero sí de andamiaje conceptual y argumental, para poder seguir los dictados de su pasión ensayística: un deseo insistente por saber lo literario, que se torna menos un objeto que un modo de experimentar el lenguaje. En este largo enhebrado de textos y pretextos, ensayar consistiría, de alguna manera, en narrar la búsqueda asistemática que practica el pensar del crítico.

Por otra parte, El giro… no prescinde de las funciones divulgativas (pedagógicas) de su labor: enseña cómo leer Dos relatos porteños (Raúl Escari), Confesionario. Historia de mi vida privada (AA.VV.), los libros de María Moreno u Ómnibus de Elvio Gandolfo, como si se tratara menos de una cuestión de contenidos a comunicar que de una parada enunciativa y ética que proponer. El lector puede no aprobar las valoraciones del crítico –no le teme a los epítetos– o sus ideas centrales, y al mismo tiempo compartir, a través de la elegancia irrenunciable de su prosa y el decoro polémico que siempre la anima, la experiencia que la literatura propicia: vivir el lenguaje cuando “algo íntimo e inexpresable pugna por ser dicho”.


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El giro autobiográfico de la literatura argentina actual
Alberto Giordano

Mansalva

2008

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