Adoum Amargo

25 Ago









“Ah si fuera dable por un día

limpiar el amor de todo cuanto es cierto…”

Supersubdesarrollo

Hubo cierta revista que llegaba cada mes a nuestro buzón, la arrebatábamos desaforadamente de la mesa de la sala para buscar lo único que nos interesaba: los artículos de Jorge Enrique Adoum (1926-2009). Para quienes lo descubrimos al inicio de nuestra juventud, significó un autor que nos puso en contacto con ciertos momentos de la vanguardia y la modernidad del siglo XX. Hoy nos damos cuenta que nuestra relación con Adoum ha pasado por momentos de enfriamiento, fascinación, rechazo, admiración, indiferencia. Por eso su muerte nos ha dejado la sensación de que nos arrebataron algo valioso.

Si existe un lugar donde tener talento es una ofensa para los otros, para los demás, ese es el Ecuador; por eso campea la acriticidad en dos de sus formas más insultantes: destrozar el trabajo de otro a pesar de desconocerlo (y sobre todo por ello) o bien elogiarlo hasta el hartazgo. Sí las necrologías son un requisito para la santidad, Adoum ya ha sido ungido, pero su maestro no vacilaría en reprobar la falta de estilo disfrazada de profundidad, la vaciedad de la retórica periodística que provocó su muerte. En las salas de redacción (al igual que en todo el país) no estaban preparados, pues apenas sabían que se trataba del más importante escritor vivo del Ecuador. Apenas sabían que a Adoum y sus contemporáneos (Jara Idrovo, Granizo, Tobar García) les correspondió tomar la posta de la primera gran generación de intelectuales ecuatorianos (Carrera Andrade, Escudero, Gangotena, Palacio, De la Cuadra, Dávila Andrade, Icaza, Pareja Diezcanseco) del siglo XX, de quienes desconocen casi todo.

Después de la muerte de Adoum, el país sigue careciendo de la infraestructura cultural para proyectar al exterior a sus mejores artistas; la franja lectora entre la clase media y media alta es casi inexistente; por eso se olvida su excelente labor como editor en la década del cincuenta (editó las obras completas de Pablo Palacio, José de la Cuadra, Alfredo Gangotena). Aunque sus figuras se desmoronen, se dice que Adoum era el escritor que le faltó al Boom, pero prescindió de él, al igual que de lo mejor de esa época (Rulfo, Onetti, Saer, Copi, Elizondo, Di Benedetto, Piñera, Arenas…) que estaba en abierta contradicción con su canon (Boom Latinoamericano: fenómeno comercial donde cierto mercado europeo buscaba confirmar sus prejuicios sobre latinoamérica: exotismo, realismo mágico…). En la literatura ecuatoriana han sido pocos los proyectos estéticos con la envergadura suficiente para dialogar con sus pares latinoamericanos, la obra de Adoum – quien llegó a ser mucho más que el joven secretario de Neruda- fue una de las pocas que tuvo ese nivel.

Dinamitero Retirado

También en las equivocaciones y extravíos se puede ver la grandeza de un hombre. Gran prosista, tuvo una suerte dispar con el ensayo y la novela. Adoum excluyó de la edición de sus obras completas a su primer libro de ensayos, Poesía del Siglo XX (1957), donde condenaba a Rilke por su exquisitez ajena a los temas sociales, a Valéry por considerar su especulación mental y estética como reaccionaria y a Eliot por su puritanismo; para alabar el estalinismo de Neruda y Nicolás Guillén. Fue el primer ganador del premio Casa de las Américas con Dios trajo la sombra (1960), amigo personal de Fidel Castro, fiel defensor de la revolución cubana. Víctima de las dictaduras, no escribió una sola línea (ni en contra, ni a favor) sobre el caso Padilla, ni sobre la obra de Virgilio Piñera, Guillermo Cabrera Infante y Reinaldo Arenas, tres de los más grandes escritores cubanos, disidentes y exiliados, también víctimas de la censura y persecución de la tiranía castrista. En el 2005, el dictamen de la catorceava edición del Premio Rómulo Gallegos, presidido por Adoum, fue duramente cuestionado. Sus jurados fueron acusados de comisarios estalinistas que habían perjudicado la reputación de independencia y calidad del galardón con su obsecuencia al chavismo.

Como muchos comunistas, supo girar oportunamente a la derecha: hoy nadie se acuerda de su entusiasta apoyo a uno de los gobiernos más desastrosos que padeció el Ecuador. Aúlico de Jamil Mahuad desde su gestión como alcalde de Quito, Adoum fue uno de los hombres más influyentes en el país. Cuando fue derrocado, nadie esperaba del autor de Ecuador: Señas Particulares (1997) ese voto de silencio tan ambiguo, que les supo tan amargo a muchos de sus lectores. Sería una calumnia afirmar que su apoyo al nefasto gobierno de Mahuad fue un extravío senil. Decepcionado y traicionado, prefirió callar al no saber explicar por qué el país que tanto amaba y sobre el que escribió algunas de sus mejores páginas, estuviera en la debacle otra vez. ¿Es por esta y otras razones por las cuales Ecuador: Señas Particulares resulta un intento fallido de escribir su propio Laberinto de la Soledad? Paz, a diferencia de Adoum, sabía que la búsqueda de la identidad vale la pena cuando es un cuestionamiento, pero al ser cuestionada, esa identidad ya no es la misma; nos interpela desde su otredad, que no deja de estar en movimiento. Cada uno de los defectos, taras y carencias que censuró en el carácter del ecuatoriano, al que Adoum definió como inquieto por la búsqueda de su identidad, se originan en la negación de su condición mestiza, de sus orígenes indígenas y del sistema de exclusión que lo favorece o lo condena según su extracción social. De allí proviene ese complejo de inferioridad que hacemos pasar por modestia, esa actitud servil llena de rencor oculto, esa soberbia mal disimulada, que son muestras de debilidad, tanto mental como espiritual. Aunque no fue el primero, no deja de ser un merito el haber señalado que el mestizaje en un país como el Ecuador ya no puede ser vivido como una situación traumática, sino como una posibilidad del ser.

Al releer Entre Marx y una Mujer Desnuda (1976) nos sorprende la ambición con que fue escrita; por su poesía anterior era inevitable darse cuenta que el salto a la novela sería inevitable. Su intento de narrar a través de una problematización de la escritura de la novela se desmorona estrepitosamente cuando, frente a la experimentación estética y ética, acaba prevaleciendo el compromiso político. El joven Adoum quedó fascinado con Joaquín Gallegos Lara, – agitador, ideólogo, autor de varios panfletos que muchos confunden con literatura – ya que en él vio la fusión entre el artista y el político, el vanguardista y el agitador que dejó una obra truncada por la muerte, convirtiéndolo en una de sus figuras tutelares. Muchos años después lo transfiguraría en Galo Gálvez, su protagonista, un escritor comprometido que sufre la disyuntiva entre escribir y combatir. Escribir es combatir, trata de decirse a sí mismo Galo Gálvez, pero la respuesta le parece tan poco convincente que prefiere llenar páginas con las proclamas del momento. El otro polo que imanta el texto es el personaje del Faquir, más conocido en la taberna del Murcielagario y sus alrededores como César Dávila Andrade, que con sus pocas apariciones vuelve entrañable un libro que exhibe demasiado los andamiajes sobre los que se tambalea. Si mediante un ejercicio de traslación, Adoum (atento lector del existencialismo y la Nouveau roman) se hubiera decidido a darle al Faquir un rol protagonista en vez de uno secundario, es decir, contraponer el misticismo poético de Dávila Andrade al comunismo de barricada de Gálvez, tal vez hubiera logrado una gran novela. (Al releer Gallegos Lara es fácil darse cuenta que toda su obra no vale nada frente a cualquier cuento de Dávila Andrade, de De La Cuadra, o de Palacio.)

Para Adoum el escritor carga el peso de la historia, su espacio natural no es la imaginación; si Onetti afirmó que el escritor no realiza ninguna labor de importancia social, Adoum sostenía que el poeta debe asumir un rol cívico:

“Ya antes de que naciéramos Mariátegui nos ponía en guardia contra el realismo que se aparta de la realidad: se basa en ficciones estéticas, simple postal de viaje, estampa folklórica, anuncio de turismo. Y en ficciones políticas, que es lo peor, porque es un realismo que idealiza: en los países socialistas, que son acaso los únicos que pueden ver con claridad lo que falta para el futuro, idealizan el presente; en nuestros países, también por razones de táctica, se niega a ver la realidad.”

También fue uno de los primeros en abordar los que, tras haber sido viciados y vaciados hasta el rebuscamiento, se han vuelto los tópicos más rancios de la literatura hispanoamericana: la metaliteratura, el exilio, el compromiso, el cosmopolitismo. A pesar de todo, su primer intento narrativo posee páginas brillantes, su crítica a la postración del Ecuador es acerba, ácida, y es precisamente esa mordacidad la que se echa en falta a Ecuador: Señas Particulares. Hoy en día, lo mejor que se puede decir de este texto con personajes es que, a veces, no se vuelve tan aburrido y detestable como su adaptación cinematográfica:

“Sería muy pobre como meta reducirla a los límites del argumento: la meta puede ser también ensayar una novela más cercana de la escultura que de la pintura, es decir que pudiera comprobarse lateralmente, leerse en cualquier orden, o dejarla inconclusa a fin de poner a trabajar al lector acostumbrado a siglos de pereza.”

Ciudad sin Ángel (1995) además de ser la continuación estilística de Entre Marx y una Mujer Desnuda, es su mejor novela (junto a El Ocio Incesante de Francisco Tobar García, es una de las grandes novelas relegadas de la literatura ecuatoriana, si es que algo así todavía existe). Cuando parece que por fin Adoum logra armar una ficción sin todo un aparato teórico y político para justificarla, no puede evitar volver a rendir examen de probidad ideológica, entrampando una narración que podría ser aún más fluida. No es un detalle menor que Adoum haya sido enterrado junto a su mejor amigo, Oswaldo Guayasamín, que en esta narración aparece transfigurado como Bruno Salerno, pintor latinoamericano exiliado en París. La caracterización del personaje es invaluable: artista comprometido de orígenes humildes, seguro de su talento hasta el narcisismo, individualista, violento y abusador, inspirado e infatigable, en suma, un personaje mucho más querible que el pintor que lo inspiró en la vida real. Salerno vive una relación intensa y tormentosa con AnaCarla, joven estudiante proveniente del Coño Sur, hasta que decide volver a su país para sumarse a la resistencia contra la dictadura. Herida, capturada y desaparecida, se convierte en una visitación fantasmal que atormenta la vida de Salerno. El mejor hallazgo de esta novela es su registro, Adoum convirtió la voz de sus poemas en un narrador en tercera persona:

“Por el momento es como si alguien – la voz, yo – corriera a levantarla del sitio donde la habían dejado tirada hace ocho meses y traerla en brazos para ponerla frente de Bruno, en su pasado, acostada sobre el flanco derecho, la falda levantada hasta la cintura, con la cara vuelta hacia la pared. (Alcahuete primero, el autor; voyeur después)”

Poco antes de morir, Cortázar se preguntaba por qué son infrecuentes los grandes libros de memorias y las autobiografías en la literatura latinoamericana. Las memorias de Adoum De Cerca y de Memoria (2003) confirman esta hipótesis. Decepcionante manual para los turistas de la revolución, sus memorias se vuelven impostadas al convertirse en una guía telefónica (sin los números y las direcciones) para recordarnos quienes eran sus amigos más famosos. A diferencia de las memorias de Canetti o de Broch, que confrontaban sus conflictos interiores, sus dilemas frente a la escritura, porque tenían una indudable conexión con los sucesos de su tiempo; Adoum despreciaba el intimismo, al que llamaba “literatura de mirarse el ombligo “, prefería reflejar los conflictos sociales. Aunque rechazó el realismo socialista, el sesgo ideológico que limitó su paleta temática está en ese vanidoso “dar diciendo”, asumiéndose como “la voz de los que no tienen voz”.

Sorprende que Adoum haya escrito tan poco sobre su padre, el Mago Jefa, quien en su tiempo fue una celebridad. Médico, mago, sabio gnóstico, hipnotista, maestro en las artes adivinatorias, pionero del esoterismo en el continente; dejó una obra tan extensa como la de su hijo, – que abarca desde una traducción de Las Alas Rotas de Khalil Gibrán, un extenso tratado sobre la masonería y un interpretación exotérica del Apocalipsis de San Juan – pero que hoy ha caído en el olvido. Emigrado libanés educado en Europa, pronto tuvo que abandonar el Ecuador porque el gremio médico lo veía como a un brujo y embaucador, saboteando la confianza de su escasa clientela, a la que nunca se tomaba la molestia de cobrarle por sus extraños tratamientos. Se estableció en Chile, Argentina, luego en Brasil, donde falleció en 1958. Precursor involuntario de los gurúes mediáticos de nuestros días, sus pacientes y admiradores abarrotaban las salas de conferencias donde se presentaba. Sus libros – escritos en portugués, castellano y francés – eran un éxito de ventas asegurado. Hombre hermético que evitaba las reverencias, era del tipo de iniciados que seguramente habría fascinado a Pessoa. César Dávila Andrade lo mencionaba como uno de sus maestros. Adoum ha señalado que a pesar de haber sido un padre severo y distante, le dejó dos enseñanzas invaluables: la autocrítica y el rigor. Para el joven poeta de Ecuador Amargo (1949), ferviente marxista y lector de Freud, probablemente las actividades del Mago Jefa la parecían una superchería burguesa. Tal vez, para honrar su memoria, prefirió mantener el halo enigmático que siempre rodeó la vida de su progenitor.

Declaración de Amor en la Pieza de al Lado

Pero volvamos a lo que importa; el mejor Adoum empieza cuando deja inconcluso su proyecto épico nerudiano de Los Cuadernos de la Tierra (1962); es a partir de Curriculum Mortis (1968), donde encuentra su propia voz; ese verso descoyuntado que configuraba su ritmo a través de la disonancia y el desgarramiento, anticipándose al Gelman de Los Poemas Sidney West (1969). De Eliot, a quien detestó, amó y tradujo, aprendió lo que denominaba la música de la conversación. Son pocos escritores los que logran trabajar la oralidad con soltura y desparpajo; Adoum no se limitó a recrear el habla ecuatoriana, la desmonta, la impregna de otras lenguas, la tuerce y la hace estallar por los aires; desarbolada la sintaxis, quiebra la semántica y fragmenta la sonoridad:

Después ya fuiste la horizontal leona quieta.

Yo estaba entregado a mi trabajo: reponerte

como una media el olvido que te quitó la noche

y la ternura que a veces no encontrabas

entre las otras tú que no te incumben.

Pero vino la carreta por ti, con caballos legales,

y te llevó, al fin contaminada, al fin caída,

oh mi loca de semen, en señora honorable

o dama muerta, y el cementerio implacable

de las buenas costumbres va tapiando tus abras

y un cuervo funeral en tu memoria. Cómo puedes. “

(de Recado de la Peste)

Para Adoum, la poesía era una “forma de conocimiento para la indagación del individuo y la transformación de la realidad.”Aunque Nicanor Parra no era un santo de su devoción, en cierto momento de su periplo poético se vuelve muy cercano a la antipoesía. Ya liberados del estigma nerudiano, el camino del uno está en las antípodas del otro: Adoum escribiría mejores poemas de amor que Neruda, Parra salió a vagabundear con el Cristo del Elqui. En Prepoemas en Postespañol (1979) se arriesga mucho más, pues son pocos los libros experimentales que en poco tiempo no se convierten en un vejestorio. Descompone su escritura a través de la narratividad, la compacta con piruetas verbales que resuelve airoso. Aunque su apuesta siempre fue por la complejidad (a veces la oscuridad está en el ojo del lector, no en el texto), sorprende que estos poemas se hayan vuelto tan populares:

Teorema

Dada la intensidad de destino contenido en una vida

su longitud es inversamente proporcional al destino.

Problema

Cuál es la intensidad de destino dada en una vida

si a partir de un momento x una desesperada desmesura

puede acortar la longitud que queríamos calcular

o sea

establecer el grado de concentración máxima de destino

que anula instantáneamente la noción de longitud

Corolario

Las pruebas de insuficiencia cardíaca no corresponden por fortuna

a lo que pudo haber sido una gravísima insuficiencia corazonal.”

(de Electrocardiomatemáticas)

Frente a Adoum, Gelman, Benedetti, Cardenal, Fernández Retamar & Cía. son solo versificadores mediocres (mientras que en relación a Efraín Jara Idrovo y Francisco Granizo, siempre fue un poeta menor). El libro por el que lo seguiremos recordando, El Amor desenterrado y otros poemas (1993), demuestra que el erotismo y la meditación ontológica no están reñidos. El verso de alto calado donde se interconectan los neologismos con el prosaísmo, fueron los signos distintivos de su proyecto poético:

“Pregunta por el hombre que iba a volver

un domingo de tarde (hace ya quince meses),

que se llevó el reloj del marido (parado en la hora

en que murió de un tiro) para que lo compusieran

allá lejos dijo, donde hay buenos relojeros dijo,

y sus zarcillos como contraseña de que regresaría

a ponérselos de nuevo (¿ceremonia nupcial?)

“con estas mismas manos que te amaron anoche”

y llevársela a uno de esos países para que ría.

Pregunta por qué no ha vuelto ni ha vuelto

a enviar tarjetas. En donde está. Por qué no viene.

(Si desde aquí se ve que el mar es liso qué pretexto

tiene.) Díganle que venga. Qué a él le consta

que los zarcillos le estorban a la hora de acostarse

y que si no se pudo reparar el reloj no importa.

Total sólo sirvió dos veces cuando indicó la hora

en que alguien se marchaba para siempre.”

(de Postales del Trópico con Mujeres, III)

Los relatos de Los Amores Fugaces (1997), podrían leerse como el reverso del El Amor Desenterrado y otros Poemas, su continuación natural. Carambola, el primero del volumen, sabe perdurar en la memoria. En el último tramo de su obra, Adoum llegó a su mejor nivel de decantación, el fraseo de su prosa es reconocible de inmediato; aunque no estemos de acuerdo con sus ideas, tenía estilo, escribía mejor que muchos de sus falsos colegas en un país de analfabetos cultos.

César Ramiro, Buenos Aires, Julio del 2009

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