Migraciones literarias

6 Abr

por Guido Tanoni


Una migración –según el diccionario– puede entenderse como la “acción de pasar de un país a otro para establecerse en él” y también como el “desplazamiento geográfico de individuos o grupos, generalmente por causas económicas o sociales”. Sin embargo, además de estas definiciones de diccionario es posible pensar el movimiento migratorio desde un orden simbólico, que afecte a los recorridos propios de la misma interioridad personal, o incluso los que realice un pueblo, una raza, un sector de la sociedad, en búsqueda del reconocimiento de sus derechos y su supervivencia. Es en una mezcla de estos tres sentidos de la palabra en que el concepto funciona al interior de Grandeza Boliviana (al igual que en Bolivia Construcciones) y al interior, también, de una identidad colectiva, nacional (la bolivianidad) que se configura en los términos de la propia búsqueda constante de un espacio físico, político y social.

Esta segunda novela del autor argentino Sergio di Nucci (que firma bajo el audaz seudónimo de Bruno Morales, entregando una cantidad de guiños a cualquier lector avezado) vuelve a instalarse en el contexto de la villa 1.11.14 del Bajo Flores porteño, para narrar las vicisitudes que sobrelleva un innominado joven inmigrante boliviano junto a Quispe y Pedro, sus amigos y compañeros de trabajo. Al compás de esas situaciones, que involucran desde escenas en las tareas de albañilería en casas de familias bien del conurbano bonaerense o de la costa atlántica, hasta la más profunda composición del paisaje y la vida inmigratoria de la villa, se construyen distintas configuraciones (que, a su vez, suponen y resignifican espacios propios de la novela) que se definen por una característica básica: la mezcla, la combinación de culturas, costumbres, idiomas, la particular diversidad que prefigura la inmigración.

La temática migratoria será una constante en los microrelatos (integrados) que funcionan como capítulos –en una estructura novelesca que recuerda en cierto modo a la Rayuela de Julio Cortázar–. Al igual que en su predecesora Bolivia Construcciones (1), en Grandeza Boliviana la migración aparece como el propio eje de la novela, pues el protagonista es un emigrado boliviano que se desplaza geográficamente desde la Villa Imperial de Potosí a la Villa 1.11.14 del Bajo Flores en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En la Villa 1.11.14, la bolivianidad, los pueblos originarios y la realidad migratoria se vislumbran como una constante, que se funde en una mezcla y un continuo cruce de nacionalidades como resultado de la aglomeración de inmigrantes. Esta mistura se observa en aspectos culturales, como la música y el idioma, o incluso en las costumbres culinarias de los personajes. La heteroglosia, característica fundante de esta bolivianidad, aparece en repetidas ocasiones a lo largo de la novela, combinando castellano porteño con aymará e inglés, al tiempo que configura la realidad cotidiana del Bajo Flores con el la fuerte presencia del crisol de nacionalidades, etnias y lenguajes.

 

“La primavera llegó de nuevo y me acordé del día que viajé a la Argentina. Hacía mucho calor. Khitis taykama? Sasinaw situ / Khitis awkima? Sasinaw situ, me canté.” (p. 174)

Por otro lado, las migraciones son una parte constitutiva en la vida de los personajes. En principio, porque deben trasladarse continuamente en busca de trabajo como albañiles, pero también ante la (contextual) posibilidad de que los ambientes que los rodean (como la feria de la calle Bonorino), así como sus propias costumbres, sean reubicados.

A lo largo de la novela, asimismo, se va configurando una identificación nacional propia de lo boliviano, que reivindica las características de raigambre más indígena y reflexiona sobre las diferencias en las formas de vida respecto de las culturas más occidentalizadas. De esta manera, la bolivianidad se construye también como diferencia, como particularidad, como adaptación a los nuevos ámbitos, sí, pero sin el olvido que supone esa adaptación en otras culturas. La bolivianidad, entonces, se determina por la posibilidad de mantener ciertas características inapelables, a través de una resistencia subalterna que no implica necesariamente una confrontación, sino la no-sumisión frente a las imposiciones externas, y también la defensa intelectual de un modo de vida propio, no obturado por el vértigo de las relaciones socioeconómicas occidentales.

“Yo en Bolivia nunca había visto gente como este hombre, que sufría mucho, aunque no se sabía por qué. Había enviudado de su mujer y odiaba a sus hijos. Eran dos varones que me saludaban con golpes secos en la espalda –a mí me dolían, pero hacía como si no.” (p. 74)

“–Has estado muy mal, muchacho –me dijo el Quispe cuando le conté sobre la reunión con la licenciada argentina–. Deberías haberle exigido, es más, suplicado, que lea esos documentos. Tu deber como boliviano es no quedarte mudo como un tonto.”(p. 98)

 

Por último, la posibilidad de pensar a Grandeza Boliviana como una novela de la migración permite encarar el movimiento del propio autor desde esta perspectiva. La gran novedad de Bolivia Construcciones (que se perpetúa en Grandeza Boliviana) radica en la inauguración de la novela boliviana escrita desde otro país, desde Argentina, a modo de correlato textual de la realidad circundante (Buenos Aires alberga más bolivianos que la ciudad de El Alto en Bolivia) que necesariamente modifica los enfoques narrativos. Se trata, entonces, de una novela que construye una configuración nacional boliviana desde el lugar (subalterno, por cierto) del inmigrante, pero desde la visión (sin dudas hegemónica) de un escritor argentino. Lo que, por otro lado, no deja de llamar la atención sobre las problemáticas del posicionamiento social de estos sectores de inmigrantes locales y produce un corrimiento, si se quiere, en la noción foucaultiana del flujo de poder en las relaciones sociales. Es decir que aquí –en la novela– no se vislumbra un momento delimitado en el que una sociedad se sobrepone a otra, o viceversa, sino que se da una coexistencia (con roles asignados para cada caso, pero también desde cada caso) en la que se superponen identificaciones étnicoculturales, generando la mistura propia de las zonas de pasaje, pero sin perder jamás la raigambre nacional de cada colectividad.


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Grandeza boliviana

Bruno Morales (Sergio Di Nucci)

Eterna Cadencia

2010

 

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Notas:

(1) Bolivia Construcciones, Editorial Sudamericana, 2006. Esta novela fue protagonista de un curioso hecho que no puede dejar de mencionarse, al menos brevemente. En pocas palabras, sucedió que Bolivia Construcciones resultó “distinguida por unanimidad con el Premio de Novela La Nación-Sudamericana 2006” cuyo jurado “estuvo integrado por Carlos Fuentes, Griselda Gambaro, Tomás Eloy Martínez, Hugo Beccacece y Luis Chitarroni.” (leyenda que puede observarse en las hojas preliminares de la novela). Sin embargo, en enero de 2007 un chico de 19 años llamado Agustín Viola denunció al libro por plagio, a través de un comentario a una breve reseña del libro realizada en el blog Aguafuertes 2004 (ver: http://aguafuertes2004.blogspot.com/2006/12/bolivia-construcciones.html y http://aguafuertes2004.blogspot.com/2007/02/bolivia-construcciones-plagio.html). En su denuncia, Viola argumentaba: “He leído con gusto las primeras ciento cincuenta páginas de Bolivia Construcciones (Premio La Nación-Sudamericana de Novela 2006/2007) para advertir (con sorpresa) extrañas similitudes con Nada, novela escrita por Carmen Laforet en 1944, galardonada en aquel momento con el Premio Eugenio Nadal. En el capítulo 71, Bruno Morales narra una golpiza que recibe Sylvia de parte de Mariano, paliza de la que el protagonista es testigo en la casa de Estefi. La sucesión de conflictos y situaciones que prosiguen a esta escena me han hecho recordar aquella casi olvidada novela de Laforet. En Nada, Juan y Gloria, tíos de Andrea y padres de un hijo, protagonizan una historia similar.” La denuncia continúa, pero a los fines de la presente reseña basta con el fragmento citado. Ante esta vuelta de tuerca, los jurados del Premio La Nación-Sudamericana 2006 decidieron retirarle el galardón a di Nucci, pero las repercusiones del hecho se prolongaron (y se prolongan todavía). En los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA se mantuvieron acaloradas discusiones que polarizaron tanto a estudiantes como a profesores y graduados entre las posturas de quienes consideraban que efectivamente se trató de un plagio y las de quienes argumentaban que no. Aún hoy, después de casi cuatro años de la denuncia, los debates al respecto resultan inevitables, y lo cierto es que más allá de la justeza o no de la acusación la novela ganó una gran popularidad y, si bien dejó de publicarse por Editorial Sudamericana, los ejemplares que al momento de la denuncia se habían distribuido y/o vendido siguen circulando en el mercado de usados y generando nuevos lectores.

 

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