Poco importa saber si se trata de arte

12 Abr

por Cecilia Eraso


En Nuevas impresiones, Mario Arteca vuelve a trabajar con los pre-textos de La impresión de un folleto, publicado en el 2000 por la editorial Siesta. Esos dos libros de poesía toman su imaginario de las artes visuales y el circuito discursivo (textual) que las rodea y “explica” lo cual parece dejar en claro que para Arteca las demás artes y sus discursos teórico-críticos son terreno fértil para el discurrir poético y la reflexión teórica, dos niveles que en su poesía rara vez aparecen disociados.

En gran parte de su obra, que ya consta de varios libros de poesía publicados, Arteca viene trabajando con la mezcla de los discursos “no poéticos” y los discursos artísticos con el poético (música, artes visuales, graffitti, publicidad, prensa, cartas, etc) Leer su poesía requiere estar dispuesto a aceptar esta mezcla solo en apariencia fragmentaria y caótica: una vez que se ha abandonado la disposición a leer “poesía”, solo entonces el proyecto estético de Arteca empieza a cobrar forma y sentido, porque sus libros proponen un imaginario poco previsible, heterodoxo y muy sugestivo.

Para quienes somos ajenos al mundo de las artes visuales el libro es una gran suma de interrogantes y desafíos ya que sus versos se llenan de nombres de obras y de movimientos de la historia de las artes visuales contemporáneas que pueden obligarnos a acudir a la enciclopedia web: ¿quién es Janez Bernik? ¿Quién Max Koszloff o Jacques Lassaigne?

Los poemas se titulan con los nombres de esos artistas visuales “por” sus críticos más reconocidos (Jasper Johns por…). A veces esto sucede de manera irónica como cuando ambos son el mismo pero antes y después de maquillarse el nombre (“Mark Rothko por Marcus Rothkowitz”) o son simplemente el mismo porque el crítico es crítico de sí o porque el artista también es su propio crítico (una manera más que sugerente de poner en escena la tensa relación que el arte, incluso el conceptual, suele tener con sus críticos). Principal juego intelectual propuesto por estos poemas: el del carácter aurático de la firma, entidad jurídica que inviste lo autoral sobre la cual Derrida discurre tan lúcidamente en aquel famoso texto.

Si los críticos de arte dijeron sobre la obra de Janez Bernik que se construye con un lenguaje abstracto e inorgánico y aun así logra transmitir cierta emotividad, lo dicho sobre Bernik, uno de los artistas objeto de un poema, puede decirse también sobre este libro: poemas abstractos, despojados de carnalidad (inorgánicos) y de pathos, textos de la razón que sin embargo pueden sugerir emociones al modo de lo que Eliot llamaba “el correlato objetivo” y no de la presentación sin mediación de la emoción. De hecho, sobre cada poema de este libro podría escribirse un pequeño ensayo crítico pero uno que quizás no importaría (no aportaría) mucho: ese es el desafío que el libro impone a la compulsión a la erudición ya que de por sí estos poemas toman la forma de ensayos cortados en verso, incluso aquellos que registran pequeñas escenas narrativas o diálogos como los de Rothko y el Seagram Building. Algunos están plagados de alusiones críticas y teóricas siempre fragmentarias, otros son largamente descriptivos de un estilo u obra, otros dan voz al artista y sus sinsabores, la mayoría reflexionan sobre técnicas plásticas como el assemblage o los Merzbau y todos exploran desde los grandes problemas de la circulación social del arte y su estatus estético hasta la disposición mental o emocional de los artistas, su historia y su coyuntura

El libro se abre con un largo epígrafe que es una definición de la técnica del canon en música. En ella, dos voces cantan juntas pero una levemente desfasada en el tiempo respecto de la otra. Esto produce un efecto musical en el cual se notan las dos voces y una puede incluso cantar con una altura diferente que modificará a la otra necesariamente. De igual modo, en Nuevas impresiones cada texto consta de dos fragmentos discursivos contiguos pero levemente disímiles: prosa al comienzo de cada texto, verso a continuación y sujetos de la enunciación diferentes en la mayor parte de los casos. Un gran canon de voces que hace que el sujeto de la enunciación fluctúe incluso dentro de un mismo verso. Lo que permanece indecidible es a quién debemos atribuir los fragmentos discursivos: ¿a los críticos? ¿al poeta? ¿al artista? ¿son textos efectivamente existentes que podríamos conseguir si los buscáramos o son apócrifos, meras máscaras que el poeta encuentra para la reflexión sobre el arte y la poesía? En el poema “Jasper Johns por Max Kozloff” el primer párrafo en prosa habla de “un tipo de ventrilocuismo donde una formulación personal se perfila bajo la forma de una estructura impersonal”. La frase sobre la obra de Johns resume perfectamente a estos poemas y al sujeto que en ellos habla. Bajo una impronta impersonal –un sujeto poético “borrado”, como un narrador omnisciente– el sujeto que habla en los poemas presta su voz, cual ventrílocuo, a la de los críticos de arte o los mismos artistas que, según los títulos de los poemas dicen, allí hablan (aunque no monologan, nunca). Y en cada uno de estos nombres, en cada obra que el poema piensa y explora, estriba alguna clave de lectura del propio conjunto de poemas reunidos en Nuevas impresiones. Los debates acerca del arte masificado y el de elite, el problema de los lenguajes artísticos y de la incomprensión, la cuestión de la recepción del arte, la relación siempre tensa entre artista y críticos: los problemas clásicos de la historia de las artes visuales de la modernidad y después son también, sin duda, los de la poesía. Y para pensarlos y recrearlos en sus poemas Arteca elige mirarlos a través del prisma privilegiado de otro lenguaje artístico como el plástico.

Pero si los poemas, que podemos confundir brevemente con ensayos críticos, se plagan de paradojas, de versos que dejan ideas a mitad de camino, de puntos suspensivos y se contaminan de voces y de tipografías disímiles es porque, aunque podamos olvidamos un rato que se trata de poemas, eso es lo que son. Y por eso mismo tienen la posibilidad de ser indagaciones que pueden liberarse, siquiera un poco, del mandato de la coherencia lógica que el discurso crítico, como discurso argumentativo, exige.

No caben dudas de que el proyecto estético de Mario Arteca es uno de los más singulares en el panorama de la poesía contemporánea porteña y la lectura de sus libros es una instancia necesaria y un verdadero desafío. Los poemas de Arteca requieren lectores esforzados y atentos, sus poemas no nos regalan nada sino que nos ponen a laburar la mente y eso se agradece.

 

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Nuevas impresiones

Mario Arteca

La calabaza del diablo

2010

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