La historia es el nombre de un crimen

17 May

por Juan Pablo Liefeld


Te voy a contar una buena noticia. También una mala.

 James Ellroy publicó en Estados Unidos en 2009 Sangre vagabunda, la tercera y última parte de su Trilogía Americana.

 Esa es la buena noticia. Que Ellroy está vivo. Que Ellroy sigue escribiendo del carajo. Que Ellroy culminó su monumental Trilogía Americana. Que Ellroy dice ya estar escribiendo un nuevo cuarteto de novelas situadas  esta vez en los años 20.

Ahora la mala noticia. La novela fue traducida y publicada en febrero de 2010 en España por Ediciones B –que tiene los derechos toda la obra de Ellroy para el mercado hispanoparlante—. Pero Ediciones B tiene descatalogada en Argentina América, la primera parte de la Trilogía Americana y nunca publicó acá su segunda parte, Seis de los grandes. Y hasta donde pude averiguar no tiene pensado publicar Sangre vagabunda ni relanzar la Trilogía completa en Argentina.

 Te voy a contar otras dos buenas noticias. La primera es buena en general y la segunda es solo buena para mí y a vos te va a dar dolor de huevos.

 La novela se consigue en Internet en PDF.

A la novela cuando entendí que por no se qué política editorial  de mierda no iba a ser publicada en Argentina empecé a rastrearla por Internet. La encontré. 40 euros. Una fortuna. Más para alguien sin trabajo. Pero por suerte un familiar que vive en Europa y le van bien las cosas me la envió de regalo de cumpleaños. Así que tengo Sangre vagabunda. Así que debo ser el único argentino que vive en el puto conurbano bonaerense que tiene la novela. Y más, tengo Seis de los grandes. Que la conseguí de pedo una vez en una librería del centro que había importado de España unos pocos ejemplares. Nunca más volví a ver Seis de los grandes en librería alguna y eso que soy un enfermo que se la pasa revolviendo libros. Solo una vez, hace poco, vi la edición inglesa de Seis de los grandes en una librería de usados de Palermo y la compre para Pablo Klappenbach que lee en ingles –el hijo de puta leyó el Ulises de Joyce en ingles—. En fin, no sé, si mi vida es una mierda o la vida es una mierda, o una mezcla de ambas o ni una cosa ni otra. En todo caso, en mi biblioteca tengo la Trilogía Americana completa, y eso, aunque suene boludo, a veces, me hace sentir bien.

 Hagamos un poco de historia. Por si no tenés la más puta idea de quien es James Ellroy.

Juguemos a que somos alcahuetes de Puán y repitamos boludeces útiles.

 El policial nace en el siglo XIX. Aunque creo que esto es discutible si uno lee Las mil y una noches donde hay varios cuentos policiales. Bien, siglo XIX, Poe y Conan Doyle, los inspectores Dupin y Sherlock Holmes. Un misterio, que puede ser un robo o un crimen y acertijos en cuartos cerrados que se resuelven ingeniosamente gracias a la imaginación matemática de los detectives. Siglo XX, Hammett y Chandler, Cosecha Roja y El largo adiós. Hammett en los años 20 le da suciedad y vida al policial y Chandler lo eleva al género a la categoría de gran literatura. Pasados los 50 el policial entra en una meseta y empieza a languidecer, no sin buenos escritores como Josep Gore, Bill Pronzini, Jim Tompson, Ed McBain y la vieja Aghata Christi retomando el viejo modelo de la novela de intrigas y resoluciones matemáticas. Y por supuesto por ahí andan Truman Capote y Rodolfo Walsh con sus novelas policiales de non ficción A sangre fría y Operación Masacre –libro, este, cuya acción trascurre a pocas cuadras de donde escribo estas líneas.

 Ellroy entra ahí, justo ahí. En los años 80 después de varias novelas que no son gran cosa inicia un cuarteto donde va a contar la historia criminal de Los Ángeles entre las décadas del 40 y 50. La dalia negra, El gran desierto, L.A. Confidencial y Jazz Blanco. Luego en los 90 emprendería la Trilogía Americana donde ya no le alcanza la mierda de su ciudad y quiere contar la historia criminal de una nación. Esta trilogía de la historia criminal de Estados Unidos abarca los 60 y  70.

 En el medio del fragor de la escritura, entre el final del cuarteto y el inicio de la trilogía, decide reabrir la causa sin resolver del asesinato de su madre sucedido a fines de los años 50 e ir detrás de la pista de su asesino. Contrata a un sargento retirado de la policía y juntos buscan resolver el caso que lo mancho de sangre para siempre a James Ellroy cuando tenía 10 años. De esa investigación saldrá uno de los libros más honestos y brutales que un escritor haya decidido escribir cuyo personaje principal es él mismo: Mis rincones oscuros. Hay que tener muchos huevos para escribir semejante libro.

 Estoy leyendo paralelamente a Sangre vagabunda un gran ensayo de Lewis Mumford La ciudad en la historia. En él Mumford sostiene que la guerra no es vieja como el hombre sino como la ciudad. La ciudad es la que inventa la guerra. Para Ellroy que se propuso contar la historia criminal primero de su ciudad y luego de su país no creo que esta idea del erudito y gran ensayista Mumford le parezca muy lejos de la verdad.

 Creo que de las novelas de Ellroy se desprende una idea escalofriante. La historia es el nombre de un crimen. Siempre. Personal o colectivo. Llámese Jean Ellroy o JFK.

 Creo que Ellroy es un equivalente actual de Balzac. Así como para Balzac toda gran fortuna siempre estaba manchada de sangre, para Ellroy toda gran historia siempre oculta un crimen. Balzac se propuso demoler en el siglo XIX el edificio de la burguesía con La comedia humana y Ellroy con sus trilogías y cuartetos viene a repetir ese gesto afirmando que el gran mito político de la democracia americana y de su gran cultura no es más que la historia del crimen.

Creo que la existencia de escritores como James Ellroy que logran llegar al corazón de las tinieblas de la comedia humana no hace del mundo un lugar menos asqueroso. Pero sin ellos todo sería aun más triste.

 Me gustaría terminar esta breve reseña con una incógnita.

 Durante casi dos años trabajé de “espalda mojada” en una librería porteña muy conocida. Durante ese tiempo solo pude charlar de igual a igual de literatura con dos o tres clientes. Uno de estos era un tipo de unos 60 años que pasaba una vez al mes a ver las mesas de novedades y comprar buena literatura. Se había leído a todos los americanos y japoneses y europeos buenos. Sabía de literatura. Esto es una mierda, esto es bueno. En esos términos charlábamos. Recuerdo que entraba, miraba la mesa de las novedades y me decía: es increíble, ¿cuántos libros se publicaron este mes, 60, 70? y no hay un puto libro que valga la pena. En una de esas charlas le recomendé El poder del perro, de Don Winslow, pero no confiaba en mis criterios literarios y le dije, esto es algo poderoso de verdad, te agarra de los huevos y no te suelta hasta que lo termines. Bueno, accedió, vamos a ver, cuando lo lea te cuento. Cuando volvió no le pareció la obra maestra que leí yo pero le resulto buena literatura. Y así fuimos intercambiando durante meses criterios y comentarios sobre lo que él leía y lo que yo leía, siempre en términos de esto que leí es una mierda o es genial. Nada de términos medios. El es el que me recomendó una vez a Saúl Bellow diciéndome que era un porongudo a lo cual yo le respondí que todo bien pero que ese calificativo se lo merecía más Philip Roth. Obvio, me dijo, de Roth leí todo. Y ahí le deslice el nombre de Ellroy. Ese es un porongudo. Un porongudo balzaciano. ¿Y tenés algo para que me lleve? Habían en la librería dos libros de Ellroy, Loco por dona y Destino: la morgue pero ninguno de ellos eran gran cosa. Le recomendé que buscara en Mercado libre o en librerías de usados la segunda y tercera partes del Cuarteto de los Angeles, El gran decierto y L.A. confidencial, que además están con traducción del argentino Carlos Gardini o América la primer parte de la Trilogía Americana que se consiguen baratos. Carlos, creo que se llamaba Carlos y tenía uno de esos apellidos judíos difíciles de pronunciar, me respondió que el no compraba libros usados, que cuando reeditaran las novelas que le recomendaba las compraría. La cuestión que una tarde encontré en El Banquete de Pampa casi Ciudad de la Paz América a 12 pesos y se la compre. La próxima vez que paso por la librería le dí la novela y le dije, Ellroy es un porongudo, leelo y decime. Me agradeció que haya pensado en él y sacó la billetera preguntándome cuanto me había costado el libro. Nada, le dije, vos leélo, si Ellroy es un porongudo para vos como yo sostengo te digo cuanto me costo y me das la guita y si te parece un boludo no me tenés que dar un mango. La cosa que se fue con el libro y a mi me echaron de la librería por no tener vocación de “musulmán” de Lager. Y nunca pude saber que le pareció a Carlos América de James Ellroy.

—-

Sangre vagabunda

James Ellroy

Ediciones B

2010

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2 comentarios to “La historia es el nombre de un crimen”

  1. Alejo septiembre 17, 2011 a 4:57 pm #

    Juan Pablo, a la reseña policial le omitiste a otro de los granes: Ross Macdonal. Notable tu gesto filántropo con Carlos. A Ellroy todavía no le enconté la vuelta. Después de leer tus líneas le volverá a dar una oportunidad, como se la di con expectativas bajas al Poder del Perro y me dejó girando como trompo. Salutes-

  2. c h r i s t i a n o (@sergemansilla) abril 10, 2014 a 10:18 pm #

    Aja!, yo conoci a Ellroy por B.Easton Ellis y su frase “Funcionó, se aglutino, había fabricado caballo”, y después de terminar su bibliografia empece con James, y es un tipazo, el lenguaje me recuerda a Garth Enis (comics),y ya habia pasado por Jens Lapidus (novela negra) y algo mas por ahi en la carretera.
    No me quiero morir hasta terminar de leerlo maldita sea… y mis notas en la U han bajado.
    FIN

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