Subrayado: Michel Houellebecq

20 May

por Lucas Funes Oliveira

A partir de cuarto, los alumnos podían inscribirse en el cineclub. Las sesiones eran los jueves por la tarde, en la sala de fiestas del internado masculino; eran sesiones mixtas. Una tarde de diciembre, Bruno se sentó junto a Caroline Yessayan para ver Nosferatu el vampiro. Cerca del final, después de pensárselo más de una hora, puso suavemente la mano izquierda en el muslo de su vecina. Durante unos segundos maravillosos (¿cinco?, ¿siete?, seguro no más de diez) no ocurrió nada. Ella no se movía. Bruno sintió un calor inmenso, estaba al borde del desmayo. Luego, sin decir una palabra, sin violencia, ella le apartó la mano. Mucho más tarde, casi siempre que alguna putita se la chupaba, Bruno recordaba aquellos segundos de aterradora felicidad; también recordaba el momento en que Caroline Yessayan le había apartado suavemente la mano. Había en aquel chiquillo algo muy puro y muy dulce, anterior a cualquier sexualidad, a cualquier consumo erótico. El simple deseo de tocar un cuerpo amante, de que lo estrecharan unos brazos amantes. La ternura viene antes que la seducción, y por eso es tan difícil desesperar.

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Las partículas elementales

Michel Houellebecq

Barcelona

Anagrama

2008

Traducción: Encarna Castejón

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