Negación del tercero excluido

24 May

por Joaquín Correa


i.

Dos personas que leyeron o tuvieron contacto con el libro, señalaron lo mismo: su carácter extraño. Podríamos decir: de-generado. Los saltos cronológicos, la variedad de disciplinas o artes abordadas, la importante presencia de imágenes, recortes de diarios y revistas, informes, la diversa procedencia de las citas, hacen de Degenerados, anormales y delincuentes. Gestos entre ciencia, política y representaciones en el caso argentino un texto que sobrepasa los géneros, que los cuestiona ya desde su presentación formal.

Gabo Ferro plantea constantemente toda una política de los géneros, de los géneros y la voz que los expresa, que es capaz de expresarlos para expresarse. Tanto en sus canciones como en la investigación histórica, apuesta a darle voz a lo callado, a lo reprimido que aflora en el resto. Hablar del silencio, desde y con el silencio es quitarle, al mismo tiempo, su característica autoritaria y plantear otra posibilidad, lógica y justificación. De allí su rol de historiador: hablar del pasado en el presente, de lo público y lo privado, de la sangre y la enfermedad. Dirá que es posible otra pedagogía del silencio, que lo tome no como arma o manifestación del terror (lo acallado, lo silenciado) sino como medio para el re-conocimiento de los individuos.

Cuando el silencio se oculta, cuando se tapa, surge el residuo, queda en lo material el residuo: una especie de resto que molesta e impide la coherencia de la realidad. La historia no como algo muerto si no como algo que nos llega y que está ahí: las oposiciones al poder dejan marcas en los cuerpos y en la calle: símbolos de lo silenciado, resistencias del silencio. Ahí, la memoria como algo siendo. La memoria y la persistencia del silencio son la esperanza de otra cosa y por eso, precisamente, el resto manifiesta su presencia en el recuerdo, la memoria, la historia: en el aquí-ahora.

ii.

El texto se abre con una respuesta de Gregorio Klimovsky a Juan Carlos Blumberg, quien calificó a los estudiantes de Filosofía y Letras de la UBA como pervertidos por el alcohol, las drogas y un ambiente mugroso. La respuesta (“no son degenerados”) de noviembre de 2004 inicia la investigación para, de modo retrospectivo, indagar sobre el origen de esa categoría y el vínculo estrecho y directo que se establece con lo criminal. Así, los parámetros de normalidad son flanqueados desde distintos lugares: discursos (médico, jurídico-legislativo, cinematográfico, literario, de la prensa), espacios (zonas urbanas, rurales, de reclusión), procedencias y temporalidades (la Scuola de Lombroso, la fuerte influencia de la Generación del ´80 en nuestro país, entre otros), para ver cómo resulta de todo ello una compleja construcción histórica que si en un principio estuvo amparada por lo científico-académico, hoy día aflora cada tanto en calidad de insulto, descalificativo. Gabo Ferro, entonces, para la oreja y toma esa puntita del hilo que en noviembre de 2004 estaba recuperando un sujeto construido en el siglo xix, el siglo que sentó las bases de lo normal y la otredad: civilización y barbarie.

iii.

El primer capítulo se detiene en el discurso médico positivista que, en la segunda mitad del siglo XIX, intenta circunscribir a la barbarie dentro de límites estrechos y bien definidos. Desde Europa se importa tanto la figura del degenerado como también, para su descubrimiento, todo un arsenal de teorías e instrumentos que llevan a la génesis de este sujeto: “Resultará degenerado todo aquel individuo cuyas anomalías físicas o morales atenten no solamente contra la especie y la raza, sino también contra los elementos propios del proyecto de la elite: nacionalidad, clase, género, familia y sociedad.” (22) Todos los pilares de la Nación y la clase que debe de defenderlos pueden llegar a ser puestos en crisis por el degenerado, a partir de ahora un criminal. El debate surge en torno a si esta condición es innata o resultado del medio. En todo caso, el degenerado es –para usar una metáfora cercana y de procedencia también médica- “un cáncer que debe ser extirpado del cuerpo de la Patria”.

Tal es el comienzo del degenerado y anormal en tanto sujeto peligroso para el proyecto de país pensado por la Generación del ´80. Cómo se pasa desde el diagnóstico médico a la criminalización judicial: he allí el interés mayor de este texto. Por ello el análisis de los filmes de Carlos Hugo Christensen y Carlos Boscosque junto con el recorrido por las historias de internados de menores son el punto fuerte del análisis, ya que es allí donde vemos en acto a todos esos supuestos y construcciones que realmente delimitan al sujeto nacional.

iv.

Gabo Ferro, desde su música y su posición respecto de la historia, desde la misma posibilidad y existencia de su voz desea algo: levantarse contra el principio de tercero excluido, para una vez entrevista la realidad de ese Otro segregado, obliterar la génesis misma del principio, y con él, de cualquier indicio de diferenciación excluyente. Desea llegar al momento de la hipótesis para, desde allí, dar lugar al desastre de la dialéctica: desordenar los términos implicados, redistribuir los valores, dar lugar al surgimiento de un nuevo sujeto.

—-

Degenerados, anormales y delincuentes. Gestos entre ciencia, política y representaciones en el caso argentino.

Gabo Ferro

Ed Marea

2010

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