El mundo maravilloso de Luciano Lamberti

17 Ago

por Martín Servelli

 

Sería más práctico decir que el segundo libro de cuentos de Luciano Lamberti está compuesto por nueve historias, bastaría con mirar el índice donde están esos nueve títulos, pero como cada cuento está pendiente de las líneas de fuga que lo apartan de su camino, como cada personaje reclama para sí la atención del relato, no voy a decir que son nueve ni nombrar esos sintagmas azarosos que los titulan. Y ya me arrepiento de la oración que acabo de escribir porque estoy por decir lo contrario: que los cuentos de Lamberti narran una historia única, como los retrasados mentales de un taller de pintura que menciona al pasar la Marta Minujín de Toro Seco: “los chicos se obsesionan con una figura, una ventana, una casa de la que sale humo, un perro, y pintaban todo el tiempo lo mismo, la misma ventana y la misma casa y el mismo perro.”

Lo más atinado sería hacer una lista de los personajes: la Mamá enferma que vende café y facturas en la vereda de un hospital, el Hermano que caga a trompadas a un compañerito hasta romperle el cráneo, el Papá que reparte zapatillas truchas en un Duna, la Mujer estéril que tenía un mono del monte chaqueño que se achicharró en los cables de luz, la Amiga que fabrica ropa para animales fuma porro y lee a Galeano y De Benedetti, el Guardabarreras que se emborracha y se olvida de bajar las barreras, el Asesino de Chanchos que prepara salamines con miembros humanos, el Hermano mayor que le hace los mandados a las viejitas del barrio para comprar tetrabricks con las moneditas del vuelto, el Vecino del almacén que le explotó un sifón y le voló media cara, el Soltero que se emborracha en la cena donde le están presentando a una candidata, Chuck Norris matando vietnamitas a lo pavote, la Novia que se va con el militante del PO, el Hermano que construye un quincho, la Mujer que trabaja con mujeres golpeadas, el Antropólogo que practicó la anoterapia, la Pareja de vacaciones como perro y gato, la Amiga de la mano gorda de investigadora universitaria, Él, que les prepara un desayuno de campo, el Criador de Truchas que también fue guardabarreras y se quedó dormido, el Obrero piromaniaco del frigorífico extasiado por el ritmo de las cosas, las Nenas de piel dorada y olor a bronceador, la Viuda que se gasta la plata de la pensión en excursiones de jubilados, la Loca de la historia de las salchichas parrilleras que se prendió fuego, el Hombre de los seis dedos, el Hijo de los seis dedos, el Bisnieto del cazador de puntería infalible, el Sordomudo por un rayo, la Marta Minujín de Toro Seco, el Desconocido de la cara deforme que provoca orgasmos chupando el dedo, el Bombero que vio el cadáver calcinado de la Loca abrir los ojos, el Hijo que descubre la doble vida del padre muerto (y Bombero), el Hermanastro fumigador o el Doctor Muerte, La Reina de la Batata que sostiene los pitos de los Hermanastros mientras piyan, el Ex-Novio de la secundaria que no se resigna, el Líder del internado que se los coge a todos, el Levantador de Quiniela que tenía una tortuga que creció dos metros, el Amigo que se lastima la retina con un maní, los Amigos que vieron un ovni, el Dueño del bar que se rasca las pelotas todo el día, la Chica Muy Puta que tenía el clítoris parecido a un bicho, el Albañil que salva a un perro, el Encargado que ahoga perros, la Abuela que se enfermó de los huesos por el rocío, el Nieto de la cicatriz en la cabeza donde le impusieron la mano, el Sanador que dice lo que no puede decírsele a nadie.

Los tres ejes del gráfico para representar los cuentos son Familia (x), Deformidad (y) y Hastío (z). Terminan así: pagué el café y salí de la estación; parado, en calzoncillos, sin saber qué hacer; olía a pis; ¡para ninguno de los dos!; cayó de culo y se puso a gritar; estaban tan lindos; empiezo a caminar hacia casa; y se metió en el agua; claro, dijo ella.

También hay salames, Fernet, tetrabricks, sangrías, porros, merca, tucas, queso, café con leche, facturas, cerveza, Swity de pomelo, cuarenta y tres setenta, zapallitos rellenos, vasos, ceniceros, pan casero, mermelada, fósforos, pan dulce, turrones, rifles, ventiladores, kerosén, sangre, pis, pizza, libros, máscaras, perros, en el mundo maravilloso de Luciano Lamberti: “Quería buscar algo, un orden o una moraleja, pero por más que daba vueltas no lo podía encontrar.”

—-

El asesino de chanchos

Luciano Lamberti

Tamarisco

2010

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