La geometría del dolor

26 Oct

por Claudia Torre

 

En el libro de Andrés Allegroni, la primera imagen del poeta Jacobo Fijman se configura a partir del encuentro que éste tiene con el narrador de la novela en la Biblioteca de la Federación Obrera de la Boca, a pocas cuadras del Comando Central Anarquista. Se trata de una conferencia sobre la importancia del uso de las imágenes en la poesía moderna aunque encubre –señala el narrador– un ataque frontal a Leopoldo Lugones. Fijman, a su vez, aparece allí señalando que  Buenos Aires es una ciudad hipócrita, una ciudad del pecado, donde todos los infiernos convergen en un río opaco y a la que solo sus poetas -que luchan sin tregua contra la blasfemia- salvarán. Sentí que ese pequeño hombre de mirada triste decía la verdad, comenta el narrador y abre de ese modo el juego que se articula en esta novela. Andrés Allegroni establece un relato parco, sofisticado y conmovedor en el que el narrador es un testigo: de la vida del poeta Jacobo Fijman y, con ella, de la vida de los testigos de su destino final.

La poesía, que es en estas páginas escritura del vacío, de la muerte, del miedo, entabla un diálogo con la locura porque Fijman es internado en el Hospital Borda, donde pasa los últimos días de su vida. Allegroni, entonces, despliega un escenario que se proyecta sobre el espacio del hospital neuro-psiquiátrico: la vida allí adentro, las rutinas, los internos y los médicos. El universo Borda es el entramado sobre el cual puede pensarse la poesía de Fijman que se pone en tensión con la locura. La novela es cuidadosa y evita todos los lugares comunes sobre estos tópicos y asistimos a la historia de Fijman que se va apagando en el encierro y en la rutina de los internos del Hospital.  Al poeta le quitan el alma, señalará el amigo Luis Tejera.

En un registro nítido pero no enfático, Allegroni dirige entonces el relato hacia una suerte de thriller: se descubre que en el interior del Hospital funciona un centro clandestino de experimentos practicados por un grupo de médicos con algunos pacientes del Hospital.  Si bien la novela cede en esta nueva dirección no abandona su tono y su preocupación inicial, su punto de partida.

La crónica acude a dos formatos: al diario íntimo titulado La otra realidad  y al relato-novela titulado El factor psiquiátrico. Las notas al pie impregnan el texto de una modalidad de lectura crítica, casi académica, al mismo tiempo que construyen un lector-testigo que exhibe la admiración que esos materiales literarios le producen y el cuidado con el que quiere presentarlos y difundirlos, como si cada una de las palabras de esas páginas fuera la confirmación de la construcción de un destino. Al mismo tiempo, podría decirse que el narrador construye con pudor la historia, por temor a invadir una vida que construye su propio final en el hospicio: Fijman muere en la tristeza y el ascetismo con el que, sin embargo, había tratado de paliar la marginalidad y el desamparo de su vida fuera del hospital en la que parecía un ángel pobre entre la madera precaria de la estación y el silencio.

Con guiños y menciones a autores, temas y problemas de la literatura argentina, Crónica de Sombras hace funcionar también la biblioteca de su autor –Licenciado en Letras en la Universidad de Buenos Aires y profesor de literatura, autor además de El imaginario nacional (2003)- pero no para exhibirla sino para probar sus resultados.

Horacio Aldás  –alter ego del narrador–,  Juan Bravo –interno del Hospital que rescata manuscritos de Fijman–  y el propio Fijamn –personaje inspirado en el legendario poeta de Buenos Aires (Moldova, 1898-Buenos Aires, 1970)–, entablan por su parte una relación intensa que coloca al relato en su mejor punto: el de la conciencia de lo real.

Allegroni no se conforma con  un sentido homenaje a Fijman ni con una denuncia de la vida dura en los hospitales neuro-psiquiátricos, ni con la relación hiper-abordada entre la muerte, la locura y la poesía porque si estos tópicos están es para dar un paso más allá y pensar una ciudad literaria ausente, una poesía que ha dejado su huella en la marginalidad y en el destierro.

Por último, hay que resaltar que la apuesta más original de la novela es el cruce de registros: la autobiografía, la discursividad crítica en las notas al pie y los subrayados (¡la tipografía narra en esta novela!) el ensayo, la biografía, y el thriller narrativo. En este sentido la novela parece desarmar la frontera que separa la ficción del discurso crítico y muestra cómo ambos se complementan y se abastecen para poder configurar el registro de la palabra psicótica, el olor que conforma la representación de la locura o más aún: la palabra despojada de su mundo referencial, suerte de anclajes que la novela construye para hacer mundo con el mundo del hospital y con la ciudad de Buenos Aires de Jacobo Fijman. De impronta fuertemente poética, la novela de Allegroni indaga, hasta su extremo, en la geometría absurda del dolor humano.

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Crónica de sombras. Sobre escritos inéditos de Jacobo Fijman

Andrés Allegroni

Letranómada

2011

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