Una vida interesante (para/en la literatura)

30 Mar

por Mariana Catalin

Cuando leí la primera frase de Vida y obra. Otra vuelta al giro autobiográfico sentí cierto temor. La frase en cuestión es la siguiente: “Debe tener razón María Moreno cuando asegura que lo autobiográfico siempre estuvo de moda”. Ya sé que puede ser risible sentir “algo” frente a un libro de crítica literaria. Pero  sucedió. El subtítulo anuncia este último libro de Alberto Giordano como una “vuelta” sobre el “giro autobiográfico” y temí por el carácter de esa vuelta. Mi temor era que este libro produjera una operación crítica que no iba a poder dejar de leer en términos de claudicación o, incluso peor, de “avivada crítica”. Lo voy a decir a través de una oposición que Giordano introduce en el anteúltimo ensayo del libro y que refiere a Giorgio Agamben: que se afirmara totalmente la superficialidad de lo actual para atrincherarse en la comodidad que, para un crítico como Giordano, puede suponer lo contemporáneo. Si para los oponentes críticos que en este caso diseña el prólogo del libro las afirmaciones de Josefina Ludmer sobre la posautonomía de la literatura y el “culturalismo y sus políticas”, la manera en que Agamben piensa lo contemporáneo, podría generar “incomodidad”, eso no ocurre en el caso de Giordano. Es un concepto que se acopla perfectamente al aparato crítico-teórico que el autor ha diseñado a través de los diferentes objetos de los que se ha ocupado y, fundamentalmente, con uno de los elementos centrales de ese aparato, que se pone en juego para hablar del yo: la idea de intimidad (el autor se ha cansado de repetirlo: intimidad no como lo más privado del yo, sino como aquello que distancia a ese yo de sí mismo).

Por suerte, en seguida sigue esta afirmación “Si de todos modos insistimos en señalar la existencia de un giro autobiográfico como rúbrica que distingue nuestra actualidad cultural (…), es porque las condiciones que orientan la producción y el consumo de escrituras del yo desde fines de siglo pasado inscriben el gusto por lo ‘vivencial’ dentro de parámetros inéditos”. Pero lo que se desdeña en el próximo párrafo es, justamente, la necesidad de pensar eso en términos de actualidad cultural. Aquí ya mi temor (y mi deseo de leer métodos críticos de abordaje del presente y de lo actual diferentes de algo anterior, aunque no sepa muy bien dónde radica la diferencia y dónde lo anterior) deja de ser importante porque esta oscilación se convierte en una tensión. Si Giordano insiste en esta nueva vuelta sobre la primera persona en despegarse de lo actual (“No me interesa especular en términos de épocas o tendencias actuales (…) mi propósito es más discreto: entrar en intimidad con la intimidad de algunos escritores…”), eso actual sigue en la base de lo que, en última instancia, puede su escritura. Puede en el sentido del modo en que se articula la interrogación sobre lo singular, sobre esas escritura en primera persona singulares, con lo colectivo, entendido como la posibilidad de un corpus o bien como el gusto por lo vivencia. Tensión sin la cual los escritores y escritos que son la materia de este libro no podrían convertirse en personajes. Y lo fundamental de este movimiento es que ha marcado una inflexión en la escritura teórico-crítica de Giordano. Diego Colomba, en la reseña que escribió para esta misma página sobre El giro autobiográfico de la literatura argentina actual, afirmaba que el mismo podría adosarse como un posfacio a Una posibilidad de vida. Seguramente podría hacerse. Pero, desde mi perspectiva, para que la flexión se marque con mayor evidencia, para mostrar cómo ciertos conceptos que de hecho se repiten pueden modificarse (pensar en términos de superación como lo hace Colomba, creo, no aporta mucho). Modificación en la que es central el modo en que el deseo de verdad recorre las páginas de El giro… y se esboza como elemento fundamental del método de lectura, intentando no reducirse a la verdad de lo íntimo ni a la verdad del ensayo, y en intensa relación con el riesgo  que supone la interrogación y la intervención en lo actual (en tanto posible aceptación de la misma). En este sentido, la verdad vuelve a ser un elemento central en Vida y obra… (que retoma de Un posibilidad de vida justamente el término vida, tensionando el énfasis en el yo de El giro…). Y si bien su presentación surge encabezada por un concepto que no parece ser, nuevamente por el resguardo que supone, el más “adecuado”, en su definición se juega una relación singular con lo imaginario: “La superstición autobiográfica que me lleva a cree, durante la lectura, en al verdad de todo lo narrado, se sostiene en la escritura sólo si no se obstaculiza el deseo de imaginar, en la existencia de los otros, cuando deja de pertenecerles, posibilidades de vida interesantes”.

Las vidas que se vuelven interesantes en este libro y para este libro son las de Gabriela Liffschit fundamentalmente a través de Un final feliz, la de Diego Meret con En la pausa, la de Hebe Uhart a través de una selección de cuentos, la de Inés Acevedo con Una idea genial, la de Raul Escari con Actos en palabras. Y, de una forma diferentes, la de Gabriela Massuh a través de La intemperie. En todos los ensayos, consecuentemente con la tensión que diseña el prólogo, hay una interrogación que se repite: qué es lo que vuelve estas vidas interesantes y, en tanto interesantes, parte de la literatura. En ciertas ocasiones, las mejores, la pregunta parece tener una acotación temporal: qué las vuelve interesantes hoy. Con ese hoy no me refiero sólo a la dicotomía cultura de la intimidad, acontecimiento de lo íntimo en la literatura, que, en los momentos en que no se interroga, acerca demasiado los intentos de crear valor de Giordano, totalmente necesarios, al poder moralizante de la afirmación aireana que el autor critica (como, por ejemplo, en algunas afirmaciones que marcan el comienzo del ensayo de Meret, que sin duda demuestran que el riesgo de lo ensayístico es real, no sólo un movimiento). Me refiero, antes bien, a que en ciertos momentos la pregunta por el qué es la literatura, que el autor descarta en el primer ensayo, vuelve, en una articulación particular con el para qué y la interrogación sobre las formas de la dialéctica entre sujeción y resistencia, y se entrelaza en el movimiento de análisis: en la manera en que se van superponiendo las diversas formas en que podría definirse la escritura de Liffshit, a pesar de que el autor ya nos ha dicho que eso es claramente literatura, sin que ese movimiento de superposición y tensión lo desmienta; en el modo en que prolifera el concepto de verdad asociado a diferentes discursos en el mismo ensayo sin que eso lo relativice; en la utilización de un concepto como “autobiografía literaria” para ingresar a la novela de Meret y para leer la manera en que se articula lo que el aprendiz de escritor sabe de la literatura y el modo en que convierte la vida en literatura; en el hecho de que el tercer ensayo no se agote en el análisis de los tres cuentos de Uhart sino que requiera algo más, de la vida de Inés Acevedo; en los movimientos a los que queda obligado el crítico para poder abordar el anacronismo de La intemperie; en la interrogación de las temporalidades que son necesarias para leer a Escari. Y, también, en la revisión en primera persona de la función del profesor en el “Apéndice” y el papel que puede jugar en ella la autojustificación.

Giordano entonces sabe que la literatura es lo que escapa a las valoraciones culturales y que el presente “ocurre en los intervalos de lo reconocible”. Pero más interesante aún que la posesión de ese saber, es lo que hace con él. Porque no saberlo podría implicar la homogeneización; saberlo demasiado, la moralina. Vida y obra busca constantemente el grado justo de saber, que no supone sólo enfatizar la pregunta (en el proceso de conversión infinito de la misma) sino afirmar una verdad, que por inacabada no es necesariamente relativa, e intentar modos de generación de valor que no sean sólo disciplinamiento. En esto, y en la búsqueda de formas de decir esa singularidad del yo para que no se vuelva corpus pero tampoco solipsismo, se juega y reside, creo, su propio valor.

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Vida y obra. Otra vuelta al giro autobiográfico

Alberto Giordano

Beatriz Viterbo

2011

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