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Jean-Luc Godard: un territorio en el mapa del cine

1 May

Historia(s) del cine

Jean-Luc Godard

Caja Negra Editora, 2007

Un libro necesario y vital para los amantes del cine y para todos aquellos que busquen un acercamiento a él ha sido editado este presente año. Historia(s) del cine de Jean-Luc Godard es algo más que un libro de cine o sobre cine, es también un recorrido por la memoria, pero una memoria como proyección, es decir, no es sólo el detenimiento en las imágenes del pasado, sino en lo que el cine tiene como indagación sobre el por-venir. Es un viaje por el ardoroso mundo de la representación, donde la pregunta sobre si el cine todavía puede seguir representando adquiere un relieve especial. Tal cuestionamiento sobre el carácter representativo de la imagen cinematográfica ha sido siempre una constante en la producción godardiana, tanto en sus films correspondientes al movimiento de la nouvelle vague como en este film-ensayo Historia(s) del cine que consta de siete partes y que ahora también tenemos la posibilidad de acceder, en una muy buena edición de la editorial “Caja negra”, al poema-ensayo de Godard que ha servido como guión del film.

En la cuidada edición de la editorial, debe rescatarse el estudio preliminar de Adrián Cangi, en donde se nos introduce a la perspectiva godardiana desde sus propias concepciones sobre la cualidad del cine: Godard es pensado con los propios conceptos de Godard, pero también Godard es deleuzianizado y ello se debe a que comprendemos que Godard desde el cine y Deleuze desde la filosofía han problematizado concepciones similares, han interrogado al cine como forma del pensamiento y han puesto al pensamiento en acción a través del cine.

Lo primero que hay que reconocer del ensayo preliminar de Cangi es la manera en que el autor es consecuente con la condición del pensamiento godardiano. Si Godard proponía el pensamiento-acción, Cangi se propone pensar a Godard y su Historia(s)… en acto. Cangi recorre las ideas de Godard pensando la política, la poética y la ética desde la escritura y desde las imágenes y reconoce en esos lazos la conformación del acontecimiento. Ese acontecimiento es el cine mismo, pero el cine como pensamiento, aquello que Deleuze llamaba una “imagen-mental” y que implicaba comprender al pensamiento como una violencia hecha a las cosas. Y si pensar es una violencia hecha a las cosas, si el “entre”, el intersticio es lo que fuerza a pensar, Cangi advierte muy bien ese hecho y nos ubica entre Godard y sus Historia(s), entre Godard y sus pensamientos.

En esa violencia del pensar, en ese acontecimiento cine se centra la propuesta de Godard: las Historia(s)… no son la muerte del cine, sino su transformación.

Historia(s) del cine no es simplemente un racconto sobre el cine, es la(s) historia(s) de nuestro mundo como imagen, es el registro de nuestra(s) vida(s). Un “efecto de lo real” repuesto como historia.

Serge Daney en ese hermoso libro de reflexiones sobre cine que es Perseverancia, pensaba al cine como una mirada en la historia y al respecto decía: “…mirar por el retrovisor. Allí vemos tanto la imagen de nuestro pasado como la forma en que esa imagen es modificada por todos aquellos presentes que ya no nos acosan, que desaparecen de nuestra vista como un palimpsesto que va cambiando velozmente. Nos limitamos a mirar hacia atrás, a través del espejo retrovisor, para ver a qué se parecía ese presente.”

De ese espejo retrovisor que menciona Daney trata, quizás, este poema ensayo de Godard: la mirada puesta entre la memoria y lo real como ejercicio de la representación. En ese entrelazado de memoria, real y representación circula una pregunta: ¿es acaso posible el cine, la representación luego de que la historia se ha vuelto irrepresentable? ¿Es acaso posible después del horror de la Guerra, de Aushwitz seguir representando? En Historia(s)… el complejo imagen-memoria se cierra sobre la imposibilidad de la representación de lo real por su condición de horror y así se desprende el gesto godardiano: el cine debe proyectar lo real pero bajo la condición del trauma de la historia. En su ensayo Cangi alega: “El horror y la muerte no pueden ser sublimados, y la memoria debe enfrentarse a lo intolerable para intentar redimir a los cuerpos de la ausencia. La promesa ético-poética de Godard es alcanzar entre las imágenes una atracción que violente a la memoria y una presencia real como trauma.” (pp. 29-30).

Por ello, el cine tendrá para Godard una exigencia ética: qué ver y cómo mostrar. Pero, al tiempo, si el cine contiene una grandeza concerniente en haber anticipado el porvenir mediante películas como El Gabinete del Dr. Caligari por ejemplo, arroja sobre sí también una culpabilidad, esto es, no haber sido lo suficientemente consecuente con su potencia ontológica de registrar lo real.

En torno a esos preceptos Godard construye “el mapa” en donde se descubren los gestos de la historia de la cinematografía, un mapa que, a su vez, articula al tiempo como historia y que implica pensar las consecuencias ético-políticas del cine. Es otra vez Daney el que considera que Godard fue el primero en introducir al cine como un país más en el mapa, el primero que le dio al cine un territorio, y ello no significa otra cosa que el hecho de que el cine concierne a una historia que le es propia y que está en relación con otras historias, con otras artes. Esa inclusión del cine en el mapa es pensar al cine como creación, pues si el cine cuenta con esa potencia ontológica de registrar lo real, ello se debe a que tiene una cualidad expresiva: si ya no es posible representar porque los horrores de la historia han dejado sólo ruinas, el cine todavía puede expresar como potencia creativa, puede “mirar por el espejo retrovisor” y expresar un porvenir. Y decimos con Daney que el cine es el “arte de mostrar”, una apertura hacia un gesto que obliga a mirar. En ese arte de mostrar, en esa fuerza creativa de la imagen cinematográfica se revela todo el cine como acontecimiento, o sea, expresa sus cualidades infinitas. Como alguna vez dijera Deleuze: “usted va hasta el fin del mundo para verificar que el fin del mundo existe”. Y el cine nos lleva hasta el fin del mundo para que comprendamos que todavía ahí hay algo por explorar. En ello se basa esta arqueología histórica de Godard: excavar, indagar en todos los territorios abiertos del cine y en una cadencia de palabras mostrarnos que aun en el fin del cine todavía hay algo por explorar y por transformar.

La cuidada edición de las Historia(s) del cine realizada por la editorial Caja Negra nos permite encontrarnos con un Godard que no creía que el cine era simplemente una máquina industrial de proyectar imágenes, sino que cuando el cine muestra una imagen hay allí una decisión ética, una condición histórica y una política de la mirada.

Y esta edición se acompaña por una interesante bibliografía sobre la obra de Jean-Luc Godard y una muy buena entrevista que le fuera realizada por la revista francesa Inrockuptibles en el año 1998.

Así, Historia(s) del cine nos permite repreguntarnos sobre las condiciones de este séptimo arte. Recorrer el poema de Godard es transitar un mapa de palabras-imágenes, mostrar y ver, en una búsqueda del gesto de nuestra propia historia como humanidad. Es una pregunta por el siglo XX, al que Godard denomina el siglo de la pasión por lo real. El poema de Godard es también una pregunta sobre nuestro tiempo y nuestra historia en dónde como expresa Jacques Rancière en La fábula cinematográfica: “También nos pregunta en qué siglo vivimos nosotros para que, con nuestro Deleuze en el bolsillo, nos regodeemos tanto con los amoríos en un barco que naufraga entre una muchacha de primera clase y un joven de tercera”.

Esteban Dipaola

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