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Subrayado: José Villa

12 Abr

por Hernán Martignone

Ártemis
 
Tiene costumbres rigurosas
Cuando llega después de haber cumplido una actividad
más o menos larga en lo que ella llama le mond
come y viste de entrecasa casi mejor
que si anduviera por la calle:
Rojos intensos turquesas
Vestidos sueltos y batones o pantalones elastizados:
 
“Probó su arco de plata cuatro veces: sus dos primeros blancos
fueron árboles, el tercero una fiera,
y el cuarto una ciudad de hombres injustos”
 
——
de Camino de Vacas

Ediciones Gog y Magog
 
2007

Subrayado: Lucas Soares

31 Oct

por Hernán Martignone

Palabras de Diana Bellessi sobre El sueño de las puertas: “En este libro de Lucas Soares habla un argonauta. Viaja a solas y construye el paisaje espectral por donde viaja: tempestuosos mares del sueño. mundo que de tan material se vuelve abstracto, un reino de cristal congelado si no fuera por la lluvia, el agua que constantemente lo deshace y rehace”.

 

 

Ahora veo caer (sin ser visto) la aguja que cose al ojo con su mirada

Sueño de arena: huellas que borran aquel mar.

 

 

 

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de El sueño de las puertas

Alción Editora

2006

Subrayado: Bernardo Kordon

30 Sep

por Agustín Alzari*

Durante la década del cincuenta, fueron muchos los escritores, intelectuales y artistas de Argentina que viajaron invitados por el gobierno de Mao a visitar la Republica Popular China. El modo de retribuir semejante experiencia era, claro, escribir algo, dar algunas conferencias transmitiendo eso que vieron, conocieron, palparon. Bernardo Kordon escribió 600 millones y uno, un libro de crónicas de viaje . El fragmento, sin embargo, no es sobre China.  Transcurre en el viaje de ida, en una escala nada despreciable llamada Moscú.

Las colinas se repiten como un oleaje detenido. Nos cruzamos con caravanas de camiones. Varios ciclistas pedalean afanosos con sus pantaloncitos deportivos. Los ve pasar una campesina que cuida una vaca que pasta. De vez en cuando se interrumpen los bosques y surgen plantíos de hortalizas.
Es fácil comprender que todas estas banalidades que me propone el paisaje, se producen para escamotearme una inminente revelación. Y me domina una vieja ansiedad de llegar a Moscú. Esta experiencia madura en los bosques que marginan la amplia carretera, hasta que finalmente se recorta en el cielo el espigado brazo de una grúa, después otra grúa, y otra más. Y surge un ejercito de grúas y la gran muralla de los nuevos edificios que avanzan sobre las oscuras limas boscosas. Y comprendo que esta avanzada del ejercito de grúas de contruscción señala el latir cada día más poderoso del corazón  de la Unión Soviética. Pues Moscú me sorprende como una ciudad en plena construcción. No se presenta como todas las capitales europeas, detenidas y ajustadas en sus proporciones históricas, sino que se levanta con esa fiebre que en su tiempo conocieron las grandes ciudades de América

de 600 millones y uno

Cap I “Encuentro con Moscú”

1957

*Poeta e investigador, se especializa en Juan L. Ortiz. Vive en Rosario

Subrayado: J.D. Salinger

10 Sep

por Agustina Gatto*

Pero la cuestión es que, al volver a casa, despotricaste y gritaste acerca de la estupidez del público. Esa maldita ‘risa insoportable’ procedente de la fila cinco. Y es cierto, es cierto, bien sabe Dios que es deprimente. No digo que no lo sea. Pero eso no es asunto tuyo, Franny. El único objetivo de un artista debe ser aspirar a alguna clase de perfección, y en sus propios términos, en los de nadie más. Vos no tenés derecho a pensar en esas cosas, te lo juro.

Franny and Zooey

(1961)

*Dramaturga y directora.

Todos los miércoles a las 21.30 hs. en NoAvestruz presenta RODEO, un unipersonal escrito y dirigido por ella e interpretado por Germán Rodríguez

Subrayado: Jean Lorrain

13 Ago

por Paula Peyseré 

 

 

 

Y sin embargo es necesario que parta, de otro modo volvería a enfermarme en este París fantasmagórico y atormentado de noviembre; porque lo misterioso de mi caso es que me aterroriza no ya lo invisible sino la realidad.” ¿La realidad? Y como yo intencionalmente hacía hincapié en las palabras, un poco desconcertado por esa úlma confesión, Serge repitió, destacando cada sílaba: “¡La realidad! Es en la realidad donde me vuelvo visionario. Son los seres de carne y hueso que encuentro en la calle, es el caminante, hombre o mujer, incluso la gente anónima de la muchedumbre con quienes me codeo los que se me parecen en actitudes de espectro, y son la fealdad y la misma insignificancia de la vida moderna las que me hielan la sangre y me llenan de terror.

de Relatos de un bebedor de éter 

Caja Negra 

Pág 82

Subrayado: Paul Valéry

24 Jul

por Inti García Santamaría 

 

Debilidades de la poesía

 

Hacia 1892 me sobrevino un cierto menosprecio por la poesía y los poetas debido a las debilidades que encontré en la mayoría de ellos, aun en los más célebres. Observé por una parte que vivían sobre un fondo de ideas miserablemente ingenuas y comunes (lo cual hacía que un poeta del año 1000 a. C. fuera todavía legible), y advertí además que tampoco ejercían los poderes del espíritu e ignoraban los desarrollos imaginativos provenientes de la ciencia, etcétera. Por otra parte, en el propio oficio no habían buscado la perfección, es decir, no se habían preocupado por la continuidad poética y por la composición tanto como hubieran podido hacerlo (a la manera de la música, que acentuó su progreso técnico desde el siglo XVI hasta nuestros días). Una frase de Poe en el Arnheim me dio mucho que pensar.

 

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de Notas sobre poesía

Universidad Iberoamericana

1995

Selección y traducción: Hugo Gola

Subrayado: Jack Kerouac

11 Jul

por Carlos Gradín 

Así, en esta América, cuando se pone el sol y me siento en el viejo y destrozado malecón contemplando los vastos, vastísimos cielos de Nueva Jersey y se mete en mi interiór toda esa tierra descarnada que se recoge en una enorme ola precipitándose sobre la Costa Oeste, y todas esas carreteras que van hacia allí, y toda la gente que sueña en esa inmensidad, y sé que en Iowa ahora deben estar llorando los niños en la tierra donde se deja a los niños llorar, y esta noche saldrán las estrellas (¿no sabéis que Dios es el osito Pooh?), y la estrella de la tarde dedicará sus mejores destellos a la pradera justo antes de que sea totalmente de noche, esa noche que es una bendición para la tierra, que oscurece los ríos, se traga las cumbres y envuelve la orilla del final, y nadie, nadie sabe lo que le va a pasar a nadie excepto que todos seguirán desamparados y haciéndose viejos, pienso en Dean Moriarty, y hasta pienso en el viejo Dean Moriarty, ese padre al que nunca encontramos, sí, pienso en Dean Moriarty.

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de En el camino 

1957