Literal: el resto de la historia

4 Oct

por Sergio Piacentini

1.

A partir de la iniciativa del investigador Juan Mendoza y con el aporte de los originales de Jorge Quiroga como fuente, la Biblioteca Nacional incluye en su colección Reediciones y Antologías la reedición completa de Literal en edición facsimilar. Una revista incómoda de la que ya no podrá ser un lugar común decir que se la mencionó mucho pero se la leyó poco, ya que su inaccesibilidad ya no será tal.

Con la edición de este facsímil, se fisura la idea vaga de Literal como un triunvirato homogéneo (García-Gusmán-Lamborghini) y se van abriendo las diferencias de lo que aportó cada uno. No sólo a partir del acceso a la documentación de la revista completa y los diferentes ritmos y tonos de cada texto, sino en las diversas historizaciones y testimonios que forman parte de un cierto revival literaliano existente en los últimos años que se corona con esta edición facsimilar. Pensamos especialmente en la enorme Osvaldo Lamborghini, una biografía de Ricardo Strafacce (Mansalva, 2008) o incluso en La vanguardia intrigante de Ariel Idez (Prometeo, 2011).

En la revista -aparecida en tres volúmenes y cinco números entre los años 1973 y 1979- se destacan los  ensayos teóricos sin firma con sus ya famosos apotegmas (“la literatura es posible porque la realidad es imposible”) en forma de resonantes slogans que hacen vibrar y avanzar los textos como si hubieran sido escritos alrededor de estas comprimidas y plegadas frases. Estas ideas fundantes avanzan sobre otros ejemplares de la revista de donde fueron enunciados tiñendo los ensayos de crítica y política como a los textos de ficción. Esto logra que sea muy consistente la propuesta de la revista a pesar de la distancia temporal entre cada volumen.

 Es conocido que la idea de escribir sin firmar fue tomada de la revista Scilicet (Lacan), pero en Literal se incluyen además relatos de ficción firmados por muchos nombres propios que se destacarán en décadas siguientes, aunque algunos otros se perderán en el tiempo. Estos relatos son uno de los contenidos a prestar atención de esta reedición ya que hasta ahora lo que más había circulado fragmentariamente habían sido los textos teóricos.

Han sido variadas las lecturas, apropiaciones e influencias de Literal: la ensayística de Néstor Perlongher, el contracanon promovido por Fogwill, la revista Babel, etc. Pero hasta ahora estas lecturas siempre llevaban un cierto hálito de malditismo o de culto para entendidos. Sin embargo aún está por verse en que medida se modificará el lugar de la lectura de Literal a partir de la nueva accesibilidad que confirma esta reedición.

2.

Literal se explica a sí misma en sus ensayos. En “El resto del texto” (Literal Nº 1) (nunca reeditado hasta ahora) se critica lo que se describe como “la falacia del metalenguaje del discurso crítico”. Resuena aquí la máxima lacaniana de que no hay metalenguaje, que podemos condensar en lo que afirma Jacques-Alain Miller en “U ‘no hay meta-lenguaje” (texto clásico que ya circulaba en aquellos años): “Una misma palabra designa algo y a sí misma a la vez” y “la investigación lingüística tiene como medio a su objeto”. Al partir de la puesta en práctica de la idea de imposibilidad del metalenguaje, el ensayo crítico se vuelve una práctica tan estetizada como la misma ficción ya que no puede no implicarse en lo mismo de lo que habla: su medio es también su objeto (Juan Mendoza en el prólogo habla de una “cricción”). El breve texto “Redadas(Literal Nº 1) es un ejemplo radical de esta propuesta: no se sabe si se trata de un texto teórico o de un relato. Existe un resto del texto insubordinable al sentido y esta es una de las ideas fundamentales de Literal para pensar la literatura. A diferencia del realismo que promueve la creencia de la posibilidad de representación de la realidad, en Literal la dislocación inherente entre significante y significado –y la imposibilidad del segundo de recubrir el deslizamiento del primero– son garantía de la autonomía posible de lo literario sobre la sugestión colectiva del realismo.

Literal denuncia entonces a las prácticas metalingüísticas como una traducción que niega la existencia de este ‘resto del texto’ no significable. Se trata de un ejercicio de poder. Es así que esta idea es llevada también al análisis del momento político (Literal Nº 1 salió en noviembre de 1973): el portagrama (el conductor) traduce, da sentido, interpreta. Por momentos al leer Literal sorprende la lucidez sobre algo vivido en su momento y que da la sensación de haber sido escritos décadas después. Especialmente en el análisis del peronismo que –como afirma Idez en La vanguardia intrigante Literal anticipa lo desarrollado por Ernesto Laclau en relación al populismo. Es doble el mérito de Literal por haberlo pensado y escrito mientras las cosas ocurrían. Al estar desacoplados del referente, los textos se deslizan hasta hoy y son inquietantemente contemporáneos, con excepción a las menciones a la censura judicial (hoy no tan común).

Con respecto al título del libro de Idez, Germán García ha mencionado en que la idea de “intriga” la tomó del historiador Paul Veyne. Refiriéndose justamente a Veyne en Ante el Tiempo (Adriana Hidalgo, 2006) Georges Didi-Huberman afirma que “la historia construye intrigas, la historia es una forma de poética, incluso una retórica del tiempo explorado”. Es desde esta forma de entender la historia que Literal puede responderle a un texto publicado en Todo es Historia  en “La historia no es todo” (Literal Nº 4/5). No significa que no haya que hacer historias, sino que cada historia es –indefectiblemente– una forma de retórica (ver también “La intriga” en Literal Nº 1).

3.

Héctor Libertella en el prólogo a su antología (Santiago Arcos, 2003) para describir a Literal enuncia una frase que aún resuena por su síntesis: “el destilado del psicoanálisis en la literatura”. Sin embargo no hay una presencia explícita del psicoanálisis en aquella selección de textos publicada hace ya casi una década. En cambio en el facsímil encontramos varios documentos que no sólo destilan psicoanálisis en la literatura sino que están parados desde el psicoanálisis como el Documento Literal (psicoanálisis: institución e investigación sexual) (Literal Nº 2/3) en el que se desarrolla una política y una teoría para el psicoanálisis disputando de manera análoga a lo que Literal realiza en el campo literario: la defensa de la autonomía del psicoanálisis con respecto a la política de masas. Las críticas aquí apuntan a posiciones “freudo-marxistas” como la de los grupos Plataforma y Documento, que proponían dar un “suplemento” de marxismo al psicoanálisis. La actualidad de este texto reside en que existen hoy posiciones similares en relación al psicoanálisis y la política que intentan apaciguar la subversión lacaniana haciéndola digerible para el sentido común de un progresismo bien pensante: los fuegos artificiales del eclecticismo pop de una filosofía eslovena o una “izquierda lacaniana” de tesis universitaria sin práctica analítica.

Esta operación de desenganche de la literatura de una legitimación transliterarla, lejos de promover una ontología de la literaturidad pura y a-social, trata de este caer permanente de un resto que escapa al sentido y a la sugestión de masas. Y ahí tenemos su actualidad que también es su dialéctica con la(s) época(s). Existe el riesgo de una lectura despolitizada de Literal (como de todo), y es probable que algunas de sus lecturas en décadas posteriores haya tenido algo de eso. Especialmente algunas realizadas desde el campo universitario sosteniendo la idea de una autonomía del campo literario entendida como apolítica (olvidando lo relativa de esta autonomía). Sin embargo la “flexión” Literal, –afirma Germán García en una entrevista a la revista Toro– era otra forma para decir “dialéctica”.

Como escribió Néstor Perlongher sobre Literal: se trata de un “lacanismo de combate”. Que esto se renueve, dependerá del uso que sus nuevos lectores le den. 

—-

Literal (1973-1977)

Edicion facsímilar

Ediciones de la Biblioteca Nacional

2011

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